Opinión

José Alfredo Calderón: La inmunidad chapina…

José Alfredo Calderón E.

Historiador y observador social

En cualquier país que se precie de serlo, hay causas comunes que provocan detonantes sociales de indignación. Niveles de violencia epidémicos, crímenes especialmente brutales, máxime si son en contra de niños, mujeres, ancianos o personas con discapacidad; altos niveles de corrupción en la administración pública, proporcionales al descaro de sus autores; desigualdad y pobreza extremas; justicia inoperante acompañada de fallos judiciales controversiales; falta de empleo y oportunidades, nulo acceso a vivienda, agua, transporte, energía eléctrica y otros servicios. Pero en este paisaje que llamamos país, nada de eso resulta detonante de nada; pareciera que padecemos de una rara inmunidad contra todo lo que afecta e indigna a otros. Lo más relevante fueron las expresiones de protesta sabatina que se tuvieron en 2015 y 2017, con dos eventos especialmente importantes: jueves 27 de agosto de 2015 y jueves 20 de septiembre de 2017. Estos dos eventos destacaron por tres cosas: el carácter multitudinario, el haber sido en un día entre semana, y que en ambos, el liderazgo y convocatoria correspondió a la tricentenaria Universidad de San Carlos. ¿Qué movió al rector y Consejo Superior de la universidad estatal a conceder permiso a docentes y trabajadores y encabezar una marcha que partió desde el campus en la zona 12 hacia zona 1 y que generó una imagen paradigmática en el imaginario social de la ciudadanía? ¿Por qué no se repitieron estas iniciativas o por qué no se hizo sostenible el liderazgo universitario? ¿La convocatoria de la USAC se inscribía dentro de la dinámica ciudadana en su conjunto o partía de una iniciativa particular? Estas y otras preguntas quedan para el análisis y la discusión en otro momento, pero deseo puntualizar que las condiciones al interior de la Magna Casa de Estudios, reproducen precisamente muchas de las cosas por las que se protestaba.[1]

Otro elemento a considerar para el análisis, es por qué algo que indigna en un momento dado, ya no es motivo de indignación en un lapso posterior, aun cuando las condiciones que generaron la molestia se mantienen, o peor aún, se agudizaron.[2] Repasemos un poco las causales a las que pareciéramos ser inmunes:

Violencia epidémica. Guatemala llegó a tener un promedio de 49 homicidios por arma de fuego por cada 100 mil habitantes en 2006 y paulatinamente fue bajando hasta un aproximado actual de 22/100 mil. El carácter epidémico lo asigna Naciones Unidas cuando se pasa del umbral de 8. Está claro entonces que ya nos hemos acostumbrado a la violencia, por terrible que esta afirmación pueda parecer a quienes si tienen la capacidad de indignarse ante tal flagelo y violación al principal de todos los derechos: la vida!![3]

Crímenes especialmente brutales. En diversos países, estos hechos pueden provocar inmensas movilizaciones y manifestaciones de malestar con hondas repercusiones institucionales y políticas. Pero basta investigar algunos casos y parece ser que también somos inmunes a esto. Descabezamiento de 27 campesinos en una finca de El Petén; aparición en bolsas plásticas de cadáveres de bebé desmembrados; aumento en los niveles de violencia contra la mujer, con el agravante de un incremento de muertes brutales en los que, además de la violencia sexual, aparecen signos de violencia física verdaderamente aterradores. Aparecimiento constante de cadáveres con evidentes señales de tortura, tiros de gracia y hasta vestigios de ritos satánicos. Parricidios, secuestros y torturas en contra de personas con discapacidad y ancianos/as. ¡Los niveles de “inmunidad” que acusamos nos debería tener perplejos!

Corrupción y descaro. Mucho se habló que el detonante de La Plaza 2015 fue la “agüita mágica” de Amatitlán y la desfachatez de Roxana Baldetti. La CICIG develó con detalle algo que ya se sabía pero que ninguna persona o entidad nacional había revelado de forma tan cruda y específica. Los millonarios montos de desfalco, cohecho pasivo y activo, malversación, peculado, lavado de dinero, asociación ilícita y otros delitos, era y había sido por muchos años: DESCOMUNAL. Pero lo que también había generado el malestar ciudadano fue la actitud descarada del funcionariado público Patriota así como la de sus socios de Líder.  Ahora, con este gobierno, los niveles de descaro son mayores y los ejemplos de cachimbirismo, vulgaridad, escarnio y cleptocracia son más evidentes. Aun así, nuevamente no se pasa la prueba de ácido: la indignación, la verdadera, no aparece, a no ser por episodios más o menos sistemáticos de enojo en redes sociales y que no son lo masivo que debieran.

Desigualdad y extrema pobreza. Pareciera que el estado calamitoso del país y de las grandes mayorías, fuera un sello distintivo estático y natural y, por tanto, no es visto con gravedad, más que por sectores académicos e intelectuales que, dadas las condiciones de Guatemala, es un sector muy pequeño y de ínfima incidencia. Los propiamente afectados, por su misma condición de miseria y desnutrición, no tienen tiempo más que para pensar en cubrir sus necesidades básicas y, en muchos casos, tan solo sobrevivir.

Si los factores fundamentales no causan escozor, menos lo harán otros ya mencionados. Ya he dicho que “la indignación es un proceso cognitivo y emocional que solo puede surgir en personas dignas, independientes, con un mínimo de solvencia material y simbólica, es decir, que hayan cubierto al menos los tres primeros niveles de la pirámide de Maslow. Caso contrario, puede haber rencor, odio, reacciones primarias ante la carencia, pero no un proceso consciente que más allá de protestar y rabiar, permita la construcción colectiva y democrática de un escenario mejor, o al menos, humano.” [4] En tal sentido, no se prevé un cambio sustantivo en el corto ni mediano plazo. Las alegres elecciones se darán como de costumbre y corre y va de nuevo…

El único factor de incidencia real en la política histórica del país[5], pareciera estar tranquilo con la “estabilidad”, “institucionalidad” y calma tradicional de estos “buenos” guatemaltecos que marcan distancia de los “malos” ejemplos latinoamericanos…

[1] No está demás indicar que, con relación al 20 de septiembre de 2017, se estaba a menos de 6 meses de las elecciones para rector y que dieron al Ingeniero Murphy como ganador.

[2] Al respecto, se recomienda reparar en la parte final de este artículo.

[3] No está demás indicar que Guatemala sigue estando entre los países más violentos del planeta.

[4] Artículo del jueves 21-06-2018 en la Revista Crónica versión digital.

[5] No quiero mencionar ese factor de incidencia y solo diré que se ubica en la Avenida La Reforma (oficinas) y la 20 calle (residencia).

Mas en Opinión

José Alfredo Calderón: Ausencia que duele…

ENFOQUE: Entre binomios y las encuestas “patito” o chafas

ENFOQUE: La desnutrición ‘le pela’ a diputados y al Gobierno

José Alfredo Calderón: Los convivios navideños y las “alegres…”

ENFOQUE: Cuando se golpea la FE

ENFOQUE: Si el Norte fuera el Sur… o si hubiera más Arjonas

José Alfredo Calderón: La impronta del miedo

Enfoque / Diferente vara de medir: Salud y Educación

ENFOQUE: Entonces… ¿Qué país queremos?

José Alfredo Calderón: Resumen preelectoral para la prevención de desastres

Enfoque: La niñez guatemalteca en el olvido

Enfoque: ¿Estupidez, torpeza o brillantez?

José Alfredo Calderón: Los aprendizajes de la guerra y el odio

ENFOQUE: Se agitan las aguas electoreras