Opinión

José Alfredo Calderón: Siempre hubo una elite dentro de las elites…

José Alfredo Calderón

Historiador y analista político

El jueves 19 de abril se dio un hecho sin precedentes en Guatemala, por primera vez y en forma pública, varios empresarios del denominado Grupo G-8 “dan la cara” y aceptan haberse equivocado[1]. Por supuesto que lo hacen a título personal y como parte de un grupito empresarial que, a decir de sus pulcras conciencias, todo lo hicieron por Guatemala.[2] Este evento tiene varios carices e implicaciones que la mayoría –para variar– solo ve desde la superficialidad.  Otros personajes, imbuidos de la esperanza que da la falta de formación política pero sobre todo histórica, propalaron a los cuatro vientos (en redes sociales básicamente), que por fin verían a la elite de las elites entrar al Mariscal Zavala, sueño opiáceo que jamás verán nuestros terrenales ojos. Los detalles del por qué estos empresarios decidieron salir públicamente, puede verse en los distintos medios informativos, de lo cual, solo quiero destacar que, para nada, fue voluntaria su presencia ante los medios. Una detallada declaración de Paulina Paiz[3] los orilló a una declaración anticipada ante CICIG (y seguramente arreglada) para que cuando viniera la declaración oficial y pública, la percepción de culpa, arrepentimiento y “genuino propósito de resarcimiento”, fuera creíble para una masa que rápido olvida y, cuyas percepciones, están permeadas por la religión, la manipulación mediática y las pocas luces. Lo importante era dejar en el imaginario social, que estos “valientes” empresarios habían tenido el coraje de reconocer su “error” y se ponían en la mejor disponibilidad para resarcir el daño, luchando en adelante –ahora sí– contra la corrupción que “otros” malos guatemaltecos sí cometen.

Haciendo a un lado el montaje descrito en forma simple y resumida[4],  deseo destacar que, cuando se habla de empresarios, la gran mayoría de personas se refiere al Comité Coordinador de Asociaciones Comerciales, Agrícolas, Industriales y Financieras, el famoso CACIF. En otras ocasiones se menciona a la Fundación para el Desarrollo de Guatemala –FUNDESA–, el brazo social empresarial que es un híbrido que reúne a miembros del CACIF con algunos del G-8.

Aunque faltaron algunos: Felipe Bosch, Guillermo Castillo, Herbert Gonzales, Salvador Paiz, Stefan Olivero, José Miguel Torrebiarte y Fraterno Vila se presentaron para reconocer su culpa y reconocer que dieron dinero a Jimmy Morales para su campaña, sin declararlo al Tribunal supremo Electoral y disfrazando el destino de dicho dinero, que supuestamente era para pagar fiscales de mesa.

El CACIF ha sido un ente que, desde 1957, fecha de su fundación, había servido para representar los intereses empresariales. Con el paso del tiempo, su protagonismo político fue decayendo, salvo en momentos de crisis. Una de sus funciones básicas era asumir la representatividad de los hombres de negocios, diluyendo el hecho de que, dentro de las elites, había una elite que en realidad tejía los hilos y era la mano que mece la cuna. Los doscientos sesenta millonarios con que cuenta Guatemala forman parte de CACIF (Salvo Mario López), pero también caben cientos de pequeños y medianos empresarios. La agrupación empresarial servía muy bien para asumir el desgaste político y mediático, pues las conferencias de prensa en las que aparecían los presidentes de las cámaras, asesores y prominentes empresarios, daban una imagen de unidad granítica, en la cual no cabían otras representaciones. Con el advenimiento del siglo XXI, la existencia del Grupo G-8 se fue haciendo pública en algunos sectores de la Academia y la intelectualidad. Sin embargo, la ubicación de las familias de esas elites era difícil y confusa.

Ya he explicado las diferencias de origen y dinámica de las elites. El G-8 está conformado por el capital oligárquico y Multi-inversiones (Grupo Gutiérrez Bosch), cuya fortuna y poder, los hace adláteres del capital criollo, sin necesidad de tener el abolengo que aquellos reclaman. El primer capital está formado por los fundantes de la República (21 de marzo de 1847) y que a su vez construyeron la Reforma Liberal (1871-1885). Estas fortunas oligárquicas se consolidan durante las dictaduras cafetaleras de 1871 a 1944 y los capitales posteriores son de origen burqués (en el sentido histórico-científico del término). En las postrimerías de la dictadura ubiquista, surgen empresarios migrantes de la Guerra Civil Española (1936-1939) como los Botrán y con la Revolución de 1944, otros emprendedores como los Gutiérrez en Totonicapán. Ya en los ochentas, surgen fortunas de nuevo cuño a la luz de cuatro fuentes: militares enriquecidos a la sombra de la guerra, burócratas y proveedores enriquecidos por la corrupción dentro del Estado, la llamada clase política, beneficiaria del desprecio de las elites por la política y que hace que estos “profesionales electorales” tomen vida propia en muchos casos. Mención aparte para otra fuente, totalmente ilícita, representada por la narcoactividad y el crimen organizado.

Pocos atinaron a divisar el objetivo estratégico de la alianza CICIG-MP. Lo que inició con la captura de “gatos pequeños y mayores”, termina por develar que siempre hubo una mano que mecía la cuna. Por eso, no es poca cosa lo ocurrido el jueves 19, que es corolario por supuesto de acciones anteriores. Consecuencias mayores no habrá para esta elite de elites, pero al menos el telón se corrió y ahora muchos más saben sobre su existencia (G-8) y ya no se irán con la finta del CACIF. Otros, los menos, habrán comprobado que el verdadero problema es el sistema.

 

[1] En realidad delinquieron, pero su estirpe (capital y abolengo) les permite usar estos subterfugios semánticos de doble moral.

[2] Aunque voz off se sepa que querían cooptar (como siempre) al presidente de turno, muy manejable por cierto, y de paso, defenestrar a sus dos enemigos principales: Sandra Torres y Manuel Baldizón, quiénes a pesar de no atentar contra el statu quo, eran menos “dóciles” y con agendas propias.

[3] Hija de Carlos Paiz, del grupo Wall Mart y otras inversiones. La declaración de la señora Paiz está certificada y es la clave en este proceso.

[4] Montaje basado en la Real Politik y que resulta difícil condenar, pues descubrir los finos hilos de la cooptación del Estado, llegando hasta el G-8, no es poca cosa. En caso contrario, pensar en cárcel para ellos, hubiese implicado una batalla con resultado final previsible, a partir de la correlación de fuerzas, los intereses norteamericanos y el dominio histórico de clase.

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